La última visita a este blog se produjo tras una búsqueda en google con el entrecomillado “jirafa de dos piernas”. Lanzo un llamamiento a quien realizara semejante indagación por internet. Me gustaría contactar con esta persona por dos razones: para saber si ha encontrado la jirafa y, de se así, si la halló en este blog. Nunca imaginé jirafas de dos piernas, si acaso patas, y de ellas me llama la atención el cuello. Ni las imaginé y menos aún las escribí, porque pintar nunca pinté ni de infante. He cambiado el diseño del blog porque siempre me gustó ser lampedusiano, a sabiendas que aunque más motivado hoy para la escritura, en un par de días me vuelvo a olvidar de este invento. Nuevo diseño y mismo contenido, como los periódicos, siempre cambiando. Si Heráclito viviera, en vez de río hubiera gritado periódico. No hay nada que cambie más para seguir siendo la misma cosa. Como el río del filósofo, que se cargó media historia sabiendo que el río era el mismo, eso sí con distinta agua. Que todo cambia es tan real como que ahora no es ahora sino dentro de un poco. Aquí lo único que cambia es la cara, con arrugas, bótox o planchados. Que pasa el tiempo es una verdad tan grande como que hincaremos el pico cuando toque. Parida la ídem filosófica del día, me centro en lo que quería contarles y contarlas. He activado una suscripción al tema éste. Meten su correo y yo les anuncio que he escrito otra vez. Lo he puesto para evitar molestia en la distinguida audiencia. De la misma manera, seré yo quien vaya la montaña y disfrutarán con la sorpresa de saber que a tan sólo un golpe de ratón tendrá al servicio de su inteligencia un cúmulo de lugares comunes convertidos en post. Espero que no sea una suscripción al aburrimiento. Cierto que nadie leerá este post si no viene por sí mismo.