La estantería de obras incompletas de autores acabados necesita una ampliación. Las novelas sólo empezadas multiplican por millones a las terminadas, como los besos no dados son más que los dados. Anodadado. “Los no besos recorren tu piel en esta madrugada”, escribió un poeta .
Tendríamos que leer a Capote cada mañana, en plan rosario, no quiero imaginarme de qué serían las cuentas y el éxtasis sería otro. En la estantería viven soldados de épocas antiguas con las armas oxidadas y las almas entregadas al diablo, que las paga caro. Hay más cruces en las casillas del pecado que en las declaraciones de los hombres y mujeres. La verdadera independencia de la mujer llegó cuando pudo declarar al fisco por separado.
En la estantería de las obras inacabadas de autores acabados hay libros en blanco sólo con el título, la noche del azafrán, el hombre mojado, nunca estoy en casa, llamadas perdidas, buzón de voz, la rebelión de las viejas levitadoras, el manco, sólo soy capaz de decir tu nombre, en cinco minutos, aspiraciones aspiradas, la historia del hombre sin historia, el vaso vacío…
Miro el agua y no veo mi reflejo. Miro por la venta y en el océano de cemento ha crecido una flor. Miro, en cambio, hacia mí mismo, y aún no hay luz.
Los mejores versos se quedaron sin tinta cuando aquella mañana me dijiste que el miedo era lo único que nos quedaba.
La primera vieja lanzó al aire su sombrero y, cómo quien no quiere la cosa, la cabeza buscó el gorro con el ansia de un niño malcriado comiendo natillas.
Nunca estoy en casa. Así es imposible tener una relación.
Leyó el guión, y Mo Li prefirió el cine asiático. Siempre supo que su aventura internacional terminaría en una habitación de hotel.
Muerta se parecía a como la vio la última vez. La recordaba con los labios más finos, pese a su edad. Macius supo que la naturaleza había hecho su trabajo y que el siguiente paso era visitar al albacea y saber si su madre era tan rica como suponía. Viajo a Lyon con la mirada pegada al paisaje esperando en todo momento que la anciana se hubiera acordado que tuvo un hijo con un alemán en plena guerra. Macius se había jugado a la ruleta ese patrimonio demasiadas veces en los últimos años. Tenía cincuenta y seis años y no tenía a nadie que lo fuera a recordar como lo vio la última vez.
En el cajón de los comienzos inacabados encontré lo anterior. Escribo ahora mirando a la ventana.
3 respuestas hasta el momento ↓
Guerreriana // Junio 13, 2009 a 4:13 pm |
Bueno pues parce que estamos en racha!!!!!!!!!! Y eso me encanta. He leido este post tres veces. Me encanta. Y me recuerda que hace tiempo que quiero decirte que deberias escribir alguna ves algo un poco mas largo. Me guastan tus palabras porque desnudan mi alma. Me gusta tu sensibilidad y tu manera de expresar lo cotidiano. Lo haces especial. Te siento muy cerca. Besito de los que suenan.
james hamlet // Agosto 1, 2009 a 5:22 am |
Llevas razón, es muy facil comenzar las cosas, cualquier cosa en general, pero lo meritorio es componer las situaciones para lograr que alguna vez, las piezas encajen y el puzzle se complete.
Esmérate y escribe ya que yo soy/estoy capacitado para terminar lo que empiezo.
Saludos.
james hamlet // Agosto 1, 2009 a 5:24 am |
Corrección, el fantasma digital atacó de nuevo.
“Esmérate, y escribe, ya que NO soy/estoy capacitado para terminar lo que empiezo.”