Reflexiones urbanas

Sábado surreal

Junio 13, 2009 · 3 comentarios

La estantería de obras incompletas de autores acabados necesita una ampliación. Las novelas sólo empezadas multiplican por millones a las terminadas, como los besos no dados son más que los dados. Anodadado. “Los no besos recorren tu piel en esta madrugada”, escribió un poeta .

 Tendríamos que leer a Capote cada mañana, en plan rosario, no quiero imaginarme de qué serían las cuentas y el éxtasis sería otro. En la estantería viven soldados de épocas antiguas con las armas oxidadas y las almas entregadas al diablo, que las paga caro. Hay más cruces en las casillas del pecado que en las declaraciones de los hombres y mujeres. La verdadera independencia de la mujer llegó cuando pudo declarar al fisco por separado.

En la estantería de las obras inacabadas de autores acabados hay libros en blanco sólo con el título, la noche del azafrán, el hombre mojado, nunca estoy en casa, llamadas perdidas, buzón de voz, la rebelión de las viejas levitadoras, el manco, sólo soy capaz de decir tu nombre, en cinco minutos, aspiraciones aspiradas, la historia del hombre sin historia, el vaso vacío…

Miro el agua y no veo mi reflejo. Miro por la venta y en el océano de cemento ha crecido una flor. Miro, en cambio, hacia mí mismo, y aún no hay luz.

Los mejores versos se quedaron sin tinta cuando aquella mañana me dijiste que el miedo era lo único que nos quedaba.

La primera vieja lanzó al aire su sombrero y, cómo quien no quiere la cosa, la cabeza buscó el gorro con el ansia de un niño malcriado comiendo natillas.

Nunca estoy en casa. Así es imposible tener una relación.

Leyó el guión, y Mo Li prefirió el cine asiático. Siempre supo que su aventura internacional terminaría en una habitación de hotel.

Muerta se parecía a como la vio la última vez. La recordaba con los labios más finos, pese a su edad. Macius supo que la naturaleza había hecho su trabajo y que el siguiente paso era visitar al albacea y saber si su madre era tan rica como suponía. Viajo a Lyon con la mirada pegada al paisaje esperando en todo momento que la anciana se hubiera acordado que tuvo un hijo con un alemán en plena guerra. Macius se había jugado a la ruleta ese patrimonio demasiadas veces en los últimos años. Tenía cincuenta y seis años y no tenía a nadie que lo fuera a recordar como lo vio la última vez.

En el cajón de los comienzos inacabados encontré lo anterior. Escribo ahora mirando a la ventana.

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Lo más difícil es el título

Junio 12, 2009 · 1 comentario

Pues han pasado más de tres meses y algunos libros, acontecimientos que ya no tienen sitio ni en la memoria, y un ratito de vida. Escribo porque un nuevo comentario me ha recordado que tengo blog. Amnesia bloguera, abulia digital. Escribo tanto a diario que no tengo nada que escribirme a mí mismo. Como si de la escuela se tratara, me examino ante todos y todas cada tres meses. Engraso la gramática (siempre fui desordenado y no sé dónde puse los adverbios), rebusco en los bolsillos adjetivos y cierro los ojos para poner la mente en blanco. La página en blanco.

He pasado estos meses en el último tercio del siglo XIX malagueño. Necesito el pasado para salir del presente. Entre día y día meto un par de años de esta época de decadencia para nuestra ciudad. Nos despertamos del sueño metalúrgico, las vides se secaron y nos quedamos sin comercio. Bien es cierto que se construyó calle Larios por motivos de salud, principalmente. Aire fresco para una centro lleno de mugre e infraviviendas para una sociedad dividida, analfabeta y con altas dosis de desidia y abulia colectiva. Renqueamos desde entonces. Nos perdimos casi un siglo. Fue en la democracia cuando esta ciudad, maltratada por el Franquismo por ser ‘la roja’, comenzó a ver la salida del túnel. Si recorremos la línea temporal, desde 1884 a 1979, no encontramos ningún hecho que delate una regeneración ni reforma. Desastres naturales (terremotos, riadas), epidemias, enfrentamientos políticos, una guerra y la oscuridad del franquismo. Brilla en este periodo el pensamiento y la obra de la Generación del 27 en sus relaciones con nuestra tierra. Ningún gobierno apostó por esta ciudad. Evidentemente la ciudad de hace más de un siglo no es la de hoy. Que nadie me malinterprete. Con lo anterior no quiero decir que nada se haya mejorado y progresado. Sería mentira. Pero nadie puede poner un hecho encima de la mesa que represente un paso significativo. Málaga no tiene hitos en ese tiempo. No obstante, es uno de los periodos más intensos: terremoto de 1884, construcción de calle Larios, celebración del cuarto centenario de la reconquista de la ciudad, asesinato de Cánovas del Castillo,  nacimiento de Picasso, visita de Alfonso XIII, riada, decadencia de la época industrial y comercial, aparición de los movimientos obreros, primeros pasos de la Generación del 27, acontecimientos de 1931, la guerra civil… Busco en esos años explicaciones para estos años, porque como decía Lord Byron, el mejor profeta del futuro es el pasado.

Escribo lo anterior y han pasado tres días. Estoy en casa. Un mar de conchitas me ha inundado la piel y parezco una de esas playas rocosas. En urgencias (asistencia ambulatoria contra el colapso de los hospitales) me han dicho que se debe a algún alimento que he comido. Me como tantos que tantos culpables me abruman. He decidido suspender las pesquisas y he agarrado la talquistina, que tiene nombre de infanta croata, y con cara de payaso me enzarzo en estas líneas. El canal 24 horas de fondo en un bucle infinito de un mundo irreal, porque el real, late en la calle, murmullo de viernes en el teatro, antesala del último paseo en busca del Pasadena que emite las últimas ondas de la noche. El Pasadena estaba siempre tan lejos como la posibilidad de besar a la chica que llevabas del brazo. Hace años que no entro en ese bar porque decidí quedarme unos metros antes.

Así que enronchado pasaré este fin de semana si los antihistamínicos no hacen pronto su labor. Habrá periódicos mañana que den dos páginas del incidente onanista de Pequeño Saltamontes (es que el punto que se da uno no se lo da nadie) o que publiquen fotos de las fiestas de Berlusconi (mismo paréntesis).

No te rasques. Pero es imposible mantener las manos en el ordenador cuando un ejército de hormigas parece que recorren tu cuerpo a paso lento, como los diez mil de Jenofonte. Hace años que leí ese libro y no sé si son diez mil o cien mil, el caso es que serán los que Jenofonte (con calle en Málaga, porcierto) haya querido que fueran, así son los historiadores griegos, una pléyade de fantasiosos. Visité Grecia en mi pubertad (si la tuve) en el viaje de estudios de tercero de BUP (a mis lectores más jóvenes deberá parecerles lejano; y a mí). Fue en mayo y tuvimos la suerte de pasar la Semana Santa ortodoxa (no confundir con quienes no quieren pulsos en los tronos) en plena catedral y todo, con un velamen (conjunto de velas de un barco; en este caso, conjunto de velas de las que arden) impresionante para un país con pocos años en la Unión Europea por aquel entonces. Enamorado yo de la Grecia Clásica por aquel entonces y de mi novia de ese momento embarcamos rumbo al Peloponeso un grupito de veinte, mejor dicho de dieciocho y dos (una pareja que viajó más que nosotros). Dirigía la operación Lola, profesora de inglés, de la que guardo un gratísimo recuerdo. Cuando conocí de su muerte, pareció como si se me hubiera desquebrajado una esquina del espejo de mi vida. Estuvimos hasta en Patras (que nunca sé cómo se dice si con acento delante o atrás). Tocó el piano (había un piano en el hall del hotel, roja tapicería, suelos blancos, no quise preguntar que fue antes) Cristina, compañera tímida y callada que se expresaba con las manos brillantemente. Quería ser maestra (que no profesora) de música. Desconozco su destino como ignoro el mío.

Micenas, Delfos, Corinto, Patras, Atenas… Pude comprobar in situ como el paso del tiempo se había llevado por delante casi casi toda mi Grecia Clásica. Para un estudiante de griego visitar Delfos es como para un estudiante de ciencias visitar un átomo. La diferencia es que todavía lo segundo es más complicado.

En este blog reflexiono poco. Recuerdo, más bien. Rememoro. Es un espacio de memoria que el Sr. WordPress me cede amablemente, memoria virtual digital que quien suscribe la convierte en memoria personal.

Aún siento en la cara el aire en el ferry saliendo de Patras. He olvidado el destino. Aún siento en la cara el aire en la acrópolis de Micena, aún huelo el cordero en el Pireo, aún me relanpaguean en las pupilas la lu de las velas en la catedral de Sofía. Lo que no escucho es el sirtaki en ese barco que nos llevó hasta Egina, sencillamente porque todavía tengo resaca del día anterior y no sé muy bien por qué he llegado aquí.

Ahora me apetece leer a Raymond Carver, como sorbos de whisky en la barra de un bar de un tren. Pero esa es otra historia.

Soy un ferrero roché y no precisamente por el chocolote. Me voy a tomar la pastilla.

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Buscando título

Marzo 3, 2009 · 14 comentarios

Regreso casi tres meses después a este blog.

La constancia bloguera me es ajena. Y como no publico artículos no puedo alimentar este espacio con este material. Escribo por la insistencia del Riverita, metaperiodista malagueño, amante de la tinta, sin tinte, porque anda sin pelo, que de pequeño en vez del barco de los Clics le regalaron una linotipia de bolsillo, que no ve una película doblada y que es capaz de explicarte Japón como si fuera Carranque. Habla de su edificio y parece que estás en Nueva York, con un portero que pregunta sobre rodajes de cine y un inquilino que responde desde la noctámbula pasión del narrador. Para él, los periódicos son pequeños mundos de vida efímera, no son actualidad sino vida pegada al papel que cada día agoniza frente a la luminosa pantalla del ordenador. Cuanto más se lee, menos periódicos se venden. Este oficio se ha acabado y nunca ha sido normal.

Han pasado tres meses y todo sigue igual. Combatimos una crisis que pensamos es económica cuando todos sabemos que es de valores, y no precisamente de valores de bolsa. Eso del colchón es cierto, si no que se lo digan al alcalde de Alcaucín, expulsado del PSOE pero que ya ha causado todo el daño posible. Los dineros duermen el sueño de los justos en colchones de algodón en las camas de presuntos corruptos aplaudidos por sus vecinos. Obama inyecta e inyecta y Zapatero hace lo propio y la noticia de los parados importa ahora más que nunca. Antes nos cegábamos con los fogonazos del crecimiento con dos dígitos y nos importaban poco los hombres y mujeres que formaban parte del paro estructural. Hemos invertido mucho tiempo pero hemos invertido los valores. Aquí el esfuerzo se cotiza a la baja. Como dice don José María, no de Escrivá de Balaguer, estamos ante un cambio de modelo y, por lo tanto, no valen las reglas de ahora.

Penélope ha ganado un oscar por un papel que denuncié ante la Fiscalía bloguera. Está visto que la Academia de Hollywood no está involucrada en la trama. Este año hubiera pegado el robo de las estatuillas. En cualquier caso Pe, me alegro por ti y por Riverita, que te vio en inglés mientras hablabas en español. Sigo escribiendo el viaje a Washington en borradores del blog. Tengo que cuidar el estilo, lijar el texto, quitarle comas, nunca poner un coma entre sujeto y predicado, leer a Millás para ver que copio u homenajeo, nunca poner una u como la de antes. Nunca se aprende a escribir o nunca se sabe escribir. Por más que lea cómo se construye una metáfora ésta siempre está en terreno rústico y pendiente de ser legalizada. Me falta un consejero de ordenación de mi territorio poético. Si se tratara de un observatorio de la poesía, mi cargo de confianza sería Rafael Inglada. En verano lo vi en la tele, haciendo de experto de Picasso en ‘Identity’. Siempre me ha hecho ilusión ver a alguien conocido en la tele. Y más si es en La Primera. Picasso es una fabulación de Inglada. Inglada-Borges se lo inventó una noche frente a la Catedral y nos ha metido a todos en una ensoñación. Creo que antes que Picasso fue Inglada.

Ha llovido hoy y el Facebook me ha recuperado parte de mi memoria, como las olas devuelven a la orilla los restos de un naufragio. Mi memoria de escolar. He abierto el buzón de mensajes y me ha escrito una compañera de aquel tiempo, desde parvulitos hasta octavo, que no veo desde hace casi veinte años. Me ha resumido su vida en una frase, sin olvidarse de lo más importante, su familia, su trabajo, donde vive. Tiene pues los pies en la tierra y sus sueños tienen rostro. Recuerdo, y hace poco, un par de días, pasé cerca, el aula de tercero, cuarto y quinto de EGB. No estaba en el colegio como tal, sino un par de calles más abajo, independiente. Son dos casas, una menor, que hace unos años fue sede de Protección Civil. Ahora albergan los despachos del ayuntamiento y unos talleres municipales. Por aquellos años, pared con pared con la residencia del director del colegio, pasamos tres cursos en un mundo propio. Ni siquiera íbamos al recreo con el resto de los alumnos. Éramos una ínsula educativa, la república independiente de la avenida Europa o Rafael Quintana. En contadas ocasiones, nos relacionábamos ni siquiera con el otro curso que estaba en el lado contiguo de la vivienda de Don Francisco, fumador de winston, de edad inconcretable, como siempre son los profesores de la infancia, esa mediana edad, como papá y mamá, sólo si son mayores podemos calcular sus años. Teníamos un huerto y en el patio un níspero. El aula, de techos altos, verdosa pizarra imponente como un pantallón de cine y cuarto de baño al fondo, amplio, blanco como de centro cívico. Éramos muchos pero recuerdo a muy pocos. Manuel Martín Cobos, Miriam Guil Lagos, Ana María Díaz Santiago, Juan José González Villalba, Sonia Fortes García, José Antonio Gómez Fortes, María Belén Chico Quintana, Joaquín Mulero Bastida, María Eugenia González Padilla, Arrá El Larraqui, Laura González Ruiz, Nicolás Cortés Nokes… Si me paro un poco podría casi recordarlos a todos, porque fueron muchos años viendo esa listas de nombres, esos apellidos. Espero no haberme equivocado en el orden de los apellidos, y los no citados, si me leen espero su comunicación. Otros los recuerdo sólo de nombre. Dirán ustedes que se me olvida el maestro. Don José Melgar Galbeño, de Ronda, de quien no tengo noticias desde segundo de bachillerato.

Este sano ejercicio implica el tiempo que nunca volverá, remover la tierra de los recuerdos, abrir esa casa habitada de la memoria, levantar persianas y refrescar el presente. Porque fueron años de aire fresco. Seguro que durante lo que queda del día se me suceden momentos, caras, rostros, incluso voces, el tacto de la piel y el deseo, la sensación primera de la angustia, y aquellas tardes de primavera subiendo la calle hasta un sótano que luego fue iglesia para aprender que Cristo está muy alto. En aquellos años nos hicimos tan fuertes como la vida permite para poder seguir avanzando por ella. Es en esos años cuando el ser humano descubre sus miedos y no se desprende de ellos hasta que no aparecen otros. Siempre hay miedo, pero debemos perderle el miedo al miedo. Hasta los veinte años se vive. A partir de ahí empiezas a soportar a la gente.

He vuelto a este blog melancólico. Y eso que no he contado más historias, sólo he desplegado el reparto. Se ha escrito tanto de la niñez y la infancia que se ha devaluado. A lo de antes le falta algún adjetivo: suave, inocente, blanquecina, cándido, seminal, ochentero, ilusionado, estimulante,  arriesgado, sentimental, infantil, educativo, romántico, azulado, triste, alto, hermoso, fuerte…

El título de Aquellos maravillosos años, serie que se emitía por entonces, se ajusta a todo lo anterior.

Espero volver antes de tres meses.

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El puente del PP

Noviembre 28, 2008 · 4 comentarios

Desde el puente que ha presentado hoy el PP veríamos la Torre de Comunicaciones que planteó Manuel Atencia.

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34 FED (II)

Noviembre 23, 2008 · Dejar un comentario

Las cosas son como en las películas, lo mismo que los jugadores de la selección española cuando llegaron al Melía Torremolinos todavía seleccionador Miguel Muñoz y mi hermano gritó que eran como en la tele, lo mismo que aquel 4 de noviembre, martes, la Casa Blanca era como cuando sale detrás de Matías Prats que ha dejado de ser Jr, el único anuncio de bancos en los que sale un banco para sentarse, el mismo que hay en la entrada de citas de la Casa Blanca, ahora con una Primera familia negra, rodeada de fuertes medidas de seguridad, hasta en bici, lo primero que vimos al llegar aún con la idea de que nadie realmente nos esperaba, incluso uno se emociona cuando sabe que va a entrar en el edificio donde todas las decisiones tomadas no han sido en favor de la paz y los derechos humanos, es el atractivo de la historia, de estar donde pasa, como dice Benítez, hay que estar, y estuvimos, el Benítez, ya quisiera pero ejercí su representación ante Ken, asesor de Bush, portorriqueño pero no latino, con despacho en el Ala Oeste, a la que pese a mis reiteradas sugerencias, indirectas, preguntas no nos llevó porque eso necesita pase especial, con más investigación de quiénes éramos y por qué íbamos, que no basta la tarjeta verde que te pregunta por el Holocausto, responsabilidad retrospectiva, entras y lo primero que ves es una foto de Berlusconi, galería de imágenes recientes, de la última cumbre, y Ken nos dice que antes eran de Aznar, lo tienen todo medido, recorrimos el ala este y de lejos, vimos los cortinajes de la sala oval, la Casa Blanca, ese ala, recuerda a Reagan y a Nancy y a los bailes de Diana de Gales con don Juan Carlos, cena de estado, y me acordé de Kennedy y las fotografías de la crisis de Cuba, me vino toda la memoria colectiva a la mía, como recuerdan las lápidas de Arlington a las fichas de dominó y a los cortejos fúnebres reproducidos, con John y Caroline Kennedy de la mano de Jackie, en una urnita, en el vestíbulo del campo santo donde reposan miles de historias de guerra, donde no hay tanto patriotismo como antes, Arlington y el enterramiento de JFK desde el cual el visitante tiene las mejoras vistas de toda la ciudad, y justo delante, cuatro frases de sus discursos, como sucederá en un futuro, porque la historia reserva para muy pocos el honor de ser recordado más por sus palabras que por sus silencios, pasar a la historia por los hechos es difícil, pero pasar por tus palabras sólo está al alcalnce de unos pocos.

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34 FED (I)

Noviembre 23, 2008 · 4 comentarios

Al entrar al vestíbulo de la Union Station, comprobamos que realmente eran casi las dos de la mañana. Casi 24 horas después, mis pies pisaban Washington. El tren de Amtrak que nos llevó parecía que conforme se alejaba de Nueva York asumía el ritmo lento de la capital de los Estados Unidos. En DC, las horas se precipitan más lentamente por el abismo del tiempo. Debe de ser la luz, los atardeceres invernales a las cuatro y media de la tarde o sencillamente la mirada del turista que quiere que su estancia sea perenne. La ciudad concebida como capital de la Unión, esos días, era más que nunca la capital del mundo. Faltaban tres días para que Obama ganara las elecciones presidenciales.

Un negro abrillantaba el suelo. La estadística estaba de parte de los negros para ser la primera imagen de Washington. Son más del 90 por ciento de la población. Estaba el abrillantador y Obama sonreía desde un escaparate, cartón mitómano, junto a Biden, con rostro de actor de culebrón americano. McCain y Pallin, en otro gran ventanal, ya sabían que iban a perder. American Spirit se llamaba la tienda (en ese momento pensé en Esperanza Aguirre, llenando Madrid de tiendas patrióticas).

Volveríamos a esa tienda, ya abierta, cuando metían las cajas de los regalos y objetos para la toma de posesión. China siempre ha sido muy rápida en la producción y los estadounidenses muy previsores. ´

La parada de taxis estaba justo al salir. La parada, porque taxis no había. Esperaban tres personas. Gorro de lana, rebeca marrón y túnica hare krisna, el hombre debía tener unos cuarenta años. Con una guitarra eléctrica, la rasgaba imaginando una canción mientras bromeaba con una chica, poco más de veinte años, con cara de fiesta, con guitarra fantasiosa de cartón, también eléctrica. Una señora con equipaje de Louis Vitton cerraba la banda. Hablaban entre ellos, pero yo no los entendía. Dicen que la primera imagen de una ciudad es muy importante. Desde aquel día no lo creo.

Washington, Distrito de Columbia, por Colón (el Alemán diría que en esta ciudad lo tienen en alta estima, a Colón), la diseñó un francés, como los bolsos de la señora. Quien no quiera saber o sepa de la ciudad, se salta este párrafo y que retome el relato desde “El taxi…”. Decía que la trazó Pierre Charles L’Enfant, llegó en el XVIII y en 1791 le vinieron a adjudicar el plan general. Lo tenía más fácil que otros urbanistas porque tenía un descampado junto al Potomac que llenar (ahora me acuerdo de Paco de la Torre). El francés concibió grandes avenidas (en concreto tres ejes distribuidores y otras que, como dice la Wikipedia, desembocan en grandes rotondas (ahora pienso en Pedro Fernández Montes o Joaquín Villanova) y edificios del barroco, imperante por aquella época. Con nombre del primer presidente y uno de los padres fundadores, la ciudad albergará todos los poderes de la nueva nación. Y así hasta que llegamos nosotros.

El taxi nos llevó al 4000 de la avenida Massachussetts por la calle de las embajadas (siempre esperas ver la española, volví a pensar en Esperanza), y algunos de los lugares que luego fueron conocidos. De noche todavía no comprobamos el color pardo de los árboles, cada hoja una pincelada diferente. Fue por la mañana cuando desde el ventanal del apartamento, en la planta octava, supimos que habíamos llegado.

-Vamos a Georgetown.

Pensé en Aznar. Allí fue donde se cubrió de gloria con su inglés, mucho mejor que el mío, y su ferviente defensa del neoliberalismo. Pues fuimos a la ciudad de Jorge. Les sugiero que en Washington desayunen en una cafetería vienesa. Porque es posible. Leopold, por el emperador. Será una franquicia. La globalización era esto. Me di cuenta no por el nombre, sino por el café. Julius Meinl (cafeteros austriacos con quizás la mejor tienda para gourmets del mundo, en pleno corazón vienés, con unos productos sólo comparables a los Hacendado).

Georgetown me recordó a Felipe. El Príncipe. Y los reportajes de Informe Semanal que le hicieron cuando el heredero fue enviado a la reputada universidad a ampliar sus conocimientos. En ese año las solicitudes desde España para cursar estudios en ese centro (que es como el colegio de Harry Potter) aumentaron. Cerca de la institución académica rodaron algunas escenas de ‘El Exorcista’ (el discurso de Aznar fue años después).

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Todo es posible

Octubre 15, 2008 · 7 comentarios

Las gráficas de las estadísticas del blog son las gráficas de la Bolsa de Madrid. Llevo más de un mes sin escribir y sin deleitaros, querido lectorado (lenguaje de género). No he escrito porque nada tenía que decir. Aquello de si no tienes algo mejor que el silencio, calla, o semejante, siempre me lo he impuesto en cuanto a la escritura. Tampoco he necesitado el diván-blog. Tampoco nada en especial me ha hecho reaccionar hasta el punto de compartirlo contigo.  Tampoco voy a escribir aquí mis intentos por adelgazar, infructuosos como sabéis, ni voy a relatarles la boda de la hermana del Alemán ni la despedida del compañero Paco. Después dicen algunos que hablo de mi vida privada en el blog, me tachan de exhibicionista. Demuestro que tengo poco que ocultar. Hay quienes se esconden hasta en los rincones de su memoria y creen que lo vivido le pasó a otros. Sufro una crisis creativa bloguera y una holgazanería mayúscula. Si vuelvo la vista atrás, no me acuerdo de qué he hecho este mes. Pero si miro a mi horizonte venidero, sé que el viernes me tocan los cursos para el bautizo de mi sobrina, que convenientemente a mi exhibicionista forma de entender la vida, he divulgado por Facebook. El mismo día se reinaugura el Charli’s Bar, preludio de una mejor reinauguración vital por parte de su propietario, con mucho camino por recorrer en nuevos proyectos.

He hecho una pausa, también una pausa en mi régimen. Hablando de regímenes. Ayer revisé (pedante) ‘Goodbye, Lenin’, la recomiendo porque nunca he visto una declaración de amor maternal como ésa, a la vez que el relato de la caída, nunca mejor dicho, del régimen, en este caso, comunista de la RDA. Ahora que debatimos tanto sobre el mercado, el libre mercado, el mercado libre y el intervencionismo, no viene mal mirar atrás. No puedo decir lo mismo, con todo mi dolor cinéfilo, de ‘Vicky Cristina Barcelona’. Obra menor de Woody, remedo psicoanalítico de ‘Todo es posible en Granada’, con Manolo Escobar y Conchita Velasco, con recorrido turístico incluido, es una buena película, pero una mala película de Woody Allen. No pasa nada, porque un gatillazo fílmico es habitual, es esta dilatada carrera cinematográfica. La película es ese cuento guardado en un cajón, mal cuento, que el escritor entrega a la imprenta porque las deudas ahogan y la garganta está seca. Más publicado por el firmante que por el contenido, el cuento sale a la luz en plena oscuridad creativa. En este caso, es la película catalanista que más ha mostrado el tópico español, segunda vuelta de ‘Jamón, jamón’ con teta que sabe a tortilla de patatas. Ahora, Penélope y Bardem, con más años, más dentelladas vitales, con dos americanas angelicales turistas en Barcelona. El pastiche provinciano del localismo, superado el Barcelona del título, se carga la película. Claro que el genio de Allen está presente y se soporta. No es mala mala, pero, insisto, no está a la altura. Fotografía, impecable, gracias a Aguirresarobe, un vasco que ha pintado la Cataluña más bella. Intepretaciones, sobre todo Bardem, de relieve; pese a todo, me fui del cine pensando que olvidaría, como he olvidado, casi todas las secuencias. Casi todas.

Al final me he tenido que cargar la última de Allen para volver a escribir. Entre tanto, mi pocoyo-mundo se contrae en una suerte de proceso físico que acabará en big bang. Leo una novela de un tal Brinkhouse, sobre el odio y la mentira, de título ‘Renuncia’.

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Inflexiones

Septiembre 1, 2008 · 4 comentarios

El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, solicitó hoy “una reflexión en este país y en la comunidad andaluza” sobre la efectividad en la atención sanitaria de los enfermos mentales, después del atropello múltiple producido el pasado sábado en la calle Marqués de Larios de la capital.

Entiendo la reflexión de Francisco de la Torre, pero no es la reflexión de un alcalde. Lo que ha dicho hoy el Sr. De la Torre, alcalde de Málaga, demuestra su terrible incontinencia verbal, su exagerada bajura de miras, por los golpes bajos. No es la reflexión de un alcalde, cuando incluso asegura que no tiene información precisa sobre la situación médica del detenido. A la vista de lo que sabemos, no es el día para lanzar excusas, sino para dar respuestas dentro de sus competencias, para que no se vuelva a repetir, no por parte de un enfermo mental, sino por cualquiera que pudiera despistarse y bajar o subir calle Larios.

No ha habido debate ante este accidente. Ni la oposición ni los medios han dicho nada. Pero si el Sr. De la Torre quiere que reflexionemos, lo vamos a hacer, con la misma demagogia (eso sí, sin su amable sonrisa):

  • ¿Por qué se puede acceder con tanta facilidad a una calle peatonal, tanto desde la Alameda, Plaza de la Constitución o calle Granada?
  • ¿Por qué no hay constantemente agentes de la Policía Local en la principal calle de la ciudad, con la mayor concentración de comercios y peatones (incluidos turistas)?
  • ¿Por qué no se personó el mismo día de los hechos (o realizó declaraciones si estaba de viaje oficial en Zaragoza, que no sabemos si estaba de vacaciones) y ha esperado a hoy lunes?
  • ¿Por qué dice el Sr. De la Torre que la Policía Local acudió en minuto y medio cuando un vídeo (mostrado arriba) de un testigo presencial revela que por lo menos no llegó pasado al menos dos minutos y medio una vez que el conductor era ya increpado por los ciudadanos?

Ningún sistema publico o privado del mundo puede garantizar que un enfermo mental no cometa una acción contra otra persona. Sr. De la Torre, abramos el debate sobre la atención de los enfermos mentales al tiempo que abrimos el debate de la seguridad en el Centro de Málaga, las áreas peatonales y sus vacaciones.

PD. Estoy abierto a cualquier opinión sobre el estado del área de psiquiatría (por decirlo de alguna manera) del Hospital Civil, dependiente de la Diputación Provincial cuando Francisco de la Torre era su presidente en los años 70.

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Agosto

Agosto 30, 2008 · 2 comentarios

Duchas por turnos, piel salada, niño correteando. Arreglo de camas, colchón de gomaespuma, unos duermen aquí y los otros allí. Sofá-cama. Desayuno con quien uno nunca desayuna en casa. ¿Por qué siempre regresa uno a la infancia? Piso de alquiler de mobiliario rancio y sofá estampado. Hay apartamentos que se decoran con lo que sobra. Estucado y efigie egipcia. Paseo por mi memoria y recuerdo El Morche, a pocos kilómetros de aquí, en casa de los tíos-padrinos. Playa, merienda (colecor, nocilla), ducha. Después cena y paseo. El padre no está porque siempre trabaja y lo mejor son las sábanas en el fresco-noche de finales de agosto.

Agosto es un mes que se suicida lentamente en septiembre.

Síndrome postvacacional. Cuando ha habido vacaciones, que este año, pocas, pero con muchos, como me gusta.

Me toca ducharme.

Mañana cuento la verbena de Los Rubios

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Sincity

Agosto 28, 2008 · 3 comentarios

Proyecto de Palacio de Conciertos en Hafencity (Hamburgo)

Hoy lo he dedicado a la lectura, por partes. Primero un poco de ‘El economista camuflado’, de Tim Hardford. Va de bestseller y va de la economía de las pequeñas cosas. Casi 200 páginas, muy entretenidas, difíciles de entender pero fáciles para concluir que nos engañan como a chinos (y que valga lo políticamente incorrecto, incorrecto sobre todo porque a la vista de cómo van los chinos a éstos nadie los engaña ya). Después he navegado por Internet, porque como saben bien mis amigos, me pongo a sudar a quinientos metros de Puerto Marina. El mar no es para mí. Repasando una de mis webs preferidas, infonomia.com, he encontrado un artículo de Alfons Cornella ‘Re-Ciudades’. En él, el autor reflexiona sobre el futuro de las ciudades, su papel como motores económicos, la necesidad de redefinirse y reinventarse en un entorno cada vez más competitivo hallando su propio discurso o relato.

Finalmente, que las ciudades aceleren su condición de motor de la economía va a exigir que sepan crear las condiciones para conectar a sus mejores iniciativas, con el fin de hibridar conocimientos, y hacer surgir proyectos con productos y servicios que no existían hasta entonces. Ello va a exigir la superación de la lógica gremial que aún domina los intercambios de conocimiento de la sociedad. Una ciudad que conecta a su mejor gente, independientemente del sector en el que están, aumenta su PIB por encima de una ciudad verticalizada.

En conclusión, hay que apostar por la innovación. Hay que tener siempre los ojos muy abiertos. Pues en Málaga los tenemos cerrados, no sé si por un efecto a largo plazo del Cartojal o por simple cortedad de miras, de todos, elites y populo. Pese a mi condición de fatalista, me niego a admitir que en nuestra ciudad deba anidar por siglos la más absoluta desidia, primero, para superarnos, y segundo, para mirar al futuro.

Si nos ponemos un plazo temporal de una década, ¿en qué ha revertido en la ciudad tasas de crecimiento del cinco por ciento? Por ejemplo, tenemos mejores rotondas, con más césped, medianas con más flores y plantas. Tenemos también un palacio de ferias, un pabellón deportivo y un centro acuático. Un paseo marítimo, un estadio de Atletismo donde se podría rodar una película ambientada en los Balcanes años noventa… No cito el PTA porque su arranque es anterior y a Dios gracias. Pero,  ¿hemos sido capaces de poner en marcha un centro de negocios? ¿Un palacio de la música? ¿Un centro cultural moderno y adaptado a las exigencias del siglo XXI? ¿Un hotel singular? ¿Somos capaces de atraer clases creativas? ¿O somos un centro nacional de investigaciones?

Si miramos a nuestro lado, ¿qué han hecho ciudades como Valencia, Oporto o Alicante?

Si Aznar apostó por Valencia, Zapatero ha apostado por Málaga. Pero en Valencia Aznar encontró a una ciudad que quería dar el salto y en Málaga Zapatero se ha encontrado con un Ayuntamiento poco ambicioso, amigo de la franquicia y el proyecto-paquete, que tiene un plan estratégico como el que tiene un tío en Granada. Ahora que se abre la posibilidad de transformar la Carretera de Cádiz, dicen que no. Que el tráfico, que el bulevar del soterramiento. Lo que pasa es que la aritmética electoral siempre está presente. En cambio, la pedagogía ciudadana (en todas sus vertientes: cívica, territorial y urbanística) nunca está visible.

Tenemos AVE y pronto uno de los aeropuertos mejor conectados con el mundo. La inversión en comunicaciones ya la quisiera Valencia. Mientras tanto, el PGOU es un pegote de centralidades gracias a convenios urbanísticos. Invito a echarle un vistazo al proyecto de Hafencity, en Hamburgo. Eso es crear centralidad, de la mano de inversores privados y públicos, con el objetivo de crear un nuevo centro urbano (para urbanistas), ganar en calidad de vida (para soñadores), para ganar dinero (para constructores), para tener un gran palacio de la música (para culturetas), para gozar con la arquitectura de vanguardia (para arquitectos amigos), en definitiva, para ganar en autoestima.

Mientras tanto, miremos al mar con un espeto. Los alemanes disfrutan de ese espeto y de ciudades que miran al futuro como Hamburgo.

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